EL REINO DE LOS OLVIDADOS


Los informativos de televisión, a pesar de vivir en la época de la información vía internet, marcan la agenda y la conciencia de una mayoría de la sociedad, para la cual todo lo que ocurre fuera de esa hora diaria no existe o no reviste importancia. Todo ello no es por la dejadez de las personas; más bien se debe a la estructura actual, por la que todo lo que no tiene imágenes no ha existido.
Una de las mayores lacras que tiene este país son los accidentes laborales. Durante los diez primeros meses de 2019 murieron por esta causa 578 personas. Dos al día. Y apenas aparece nada de esto en ningún noticiario. ¿Por qué no existe este problema para la televisión? No se analizan las posibles causas o las necesarias soluciones. El sufrimiento de tantas cientas de familias pasa absolutamente desapercibido para los grandes medios y, debido a ello, ignorado sin su consentimiento por una gran parte de los ciudadanos.



Los datos desglosados dividen las diferentes causas: la primera son los accidentes de tráfico con 179 personas fallecidas, evidenciando el grave problema que es en diferentes ámbitos la seguridad vial.

Por detrás están las muertes por infarto y derrames cerebrales con 172, que el sindicato UGT relaciona con el estrés laboral. Quiero detenerme a reflexionar sobre este punto: ¿Hasta qué punto ha llegado el sistema laboral y social actual como para que muera una persona cada dos días por la simple razón de rendir más en su trabajo? Porque en mi opinión ese número de personas fallecidas esta íntimamente relacionado con la presión que se ejerce sobre los trabajadores, directa o indirectamente. Ya sean los superiores o la necesidad de alimentar a sus familias, cada persona que sufra de dolencias y enfermedades a causa del sufrimiento mental y físico en su labor significa un fracaso como sociedad. Si el mundo actual crea robots que deben soportar todo y que si no lo logran fallecen o, al menos, pasan una enfermedad; si en la hora diaria que se dedica a la información no se les da ni un mínimo espacio; si todo esto es así, está claro que algo mal estamos haciendo y que se debe hacer una profunda reflexión sobre el sistema productivo actual. El problema reside en que, para hacerse, primero se debe poner el tema en el candelero; y no parece que los medios vayan a poner de su parte.

Siguiendo con las causas de accidentes laborales, 62 de ellos fueron autónomos, subiendo desde los 21 que fallecieron en todo el 2018. La razón de este incremento no tiene una respuesta sencilla, pero se debe investigar en profundidad para evitarlos al máximo en el futuro. El ser autónomos no exime al estado de protegerlos.

En la construcción, los fallecimientos aumentaron un 10,8% respecto a 2018 en esos diez meses, y durante todo 2018 y los siete primeros meses de 2019 se produjeron 186 muertes en este ámbito laboral. Son datos muy alarmantes que todos los sindicatos denuncian sistemáticamente y a los que apenas se les da voz en distintos medios. Tras estas muertes se esconden diferentes causas, pero esta claro que no se está invirtiendo lo suficiente en seguridad. Los datos muestran una realidad tan escalofriante que escapan a cualquier atisbo de esperanza que pueda hacer creer que todo se debe a meras casualidad o a infortunios desgraciados. No puede haber tal cantidad de fallecidos sin que la administración actúe. No se debe dejar desamparado a quien arriesga la vida a diario.

La industria también aporta un gran número a esta lista fatídica. Durante los siete primeros meses de 2019 fallecieron 51 personas. Sin lugar a ningún tipo de duda, estas muertes se podrían evitar si se mejoraran los lugares de trabajo y se equiparan con la seguridad pertinente. No hay que olvidar la gran carga de trabajo que soportan y los peligros que cualquier industria conlleva.





Con todos estos datos, la reflexión principal que quiero lanzar es: si estos datos son tan excesivamente altos, ¿por qué nunca se habla de ello? ¿por qué nadie pone sobre la mesa una posible solución? Esta vergüenza no se debe olvidar ni ignorar.

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